Blog de Vir Guillén

Conocer y sentir para conservar

Para inaugurar este blog vamos a dedicar un post a entender la filosofía en la que se basará su contenido. Pensaremos en cómo podemos utilizar el conocimiento para conservar aquello que queremos conservar.

Todos conocemos la necesidad de conservar y proteger a la Tierra frente a las crecientes agresiones a las que la sometemos debido a la actividad humana. Seguro que nadie en su sano juicio diría “NO” a la posibilidad de que las generaciones futuras pudieran, al menos, encontrarse nuestro planeta en las mismas condiciones que nos lo dejaron.

Pero el mundo de la conservación de la naturaleza no es fácil si lo miramos desde la perspectiva del comportamiento humano. Vamos a analizar el componente sentimental a la hora de fomentar la conservación.

Suena lógico que seamos capaces de defender y conservar con más empeño aquello que amamos, aquello que nos provoca un sentimiento y nos emociona. Tampoco sonaría extraño que, para que algo nos pueda emocionar, antes tenemos que conocerlo.

Abrazo para conservar
Abrazando a la naturaleza

Siendo así, no podemos pedirle a un individuo del común de los mortales que quiera conservar tal espacio natural o tal especie o tal cosa si nunca ha sido capaz de sentirlo o ni siquiera estuvo nunca allí.

Sí que es cierto que esto no tiene por qué cumplirse el 100 % de las veces. Entran en juego otros muchos factores humanos, tales como el interés económico, que hace que nos olvidemos de los principios y sentimientos y seamos capaces de llevárnoslo todo por delante.

Personalmente, siempre he preferido aprender las cosas de manera práctica. Pienso que es la manera de que el cerebro realmente absorba toda la información posible. Si además conseguimos que este aprendizaje se realice “in situ”, ya tendremos la conexión PERSONA-LUGAR-CONOCIMIENTOS idónea para entender el funcionamiento de las cosas y, en este caso, la naturaleza.

En este blog vamos a encontrar un espacio donde poder desarrollar estas ideas. Juntos encontraremos el camino para aprender “en” y “de” la naturaleza.

¡Y QUE LO DISFRUTEMOS!

¿Y tú? ¿Recuerdas la última vez que sentiste la naturaleza?

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